Este es un blog escrito por un médico de profesión, que se considera biblista por vocación y teólogo por opción. El resultado es este intento de echar luz sobre lo que dice la Biblia.
Mostrando entradas con la etiqueta oración. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta oración. Mostrar todas las entradas
lunes, 3 de marzo de 2014
Tres formas (re-formas) para la cuaresma / Miércoles de Ceniza – Ciclo A / 05.03.14
lunes, 21 de octubre de 2013
Oh, Dios, convierte mi perversión / Trigésimo Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C – Lc 18, 9-14 / 27.10.13
Y refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola: “Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba así: 'Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas'. En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: '¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!'. Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado".
Pistas exegéticas (qué dice
el texto)
Para muchos estudiosos de la vida de Jesús, es imposible comprenderlo a Él
sin el movimiento fariseo. Para algunos, Jesús era fariseo, para otros
pertenecía a un partido completamente opuesto. Para otros tantos, su mensaje
evangélico es heredero del farisaísmo con modificaciones pequeñas y
sustanciales. Quizás, uno de los mejores resúmenes a este problema esté en Mt
23, 3: “Ustedes hagan y cumplan todo lo
que ellos les digan [escribas y fariseos], pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen”. Lo
que Jesús critica es la hipocresía de algunos que se consideraban más justos
que el resto del pueblo, y las reglas que, devenidas de ese sentimiento,
creaban una separación social deformando la relación con Dios. La doctrina
farisea no es totalmente errónea ni mucho menos, pero si el espíritu que la
impulsa es la comercialización con Dios y la división entre justos e injustos,
entonces no es compatible con el Evangelio. Seguramente, Jesús sentía cierta
afinidad por algunos grupos de fariseos, lo cual explica, paradójicamente, sus
enfrentamientos; si hay tanta interrelación entre el Maestro y ellos, es porque
se encontraban en varios puntos.
martes, 15 de octubre de 2013
La oración que hace justicia (Discípulos de este Siglo, Editorial Claretiana) / Vigésimonoveno Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C – Lc 18, 1-8 / 20.10.13
Después Jesús les enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse: “En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres; y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario. Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: Yo no temo a Dios ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme”.Y el Señor dijo: “Oigan lo que dijo este juez injusto. Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar? Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?”.
Dejo algunos fragmentos del libro Discípulos de este Siglo que editamos el
año pasado con Editorial Claretiana de Argentina, sobre algunas parábolas de
Jesús. Aquí van partes del capítulo dedicado al juez injusto y a la viuda
insistente.
El tema de la oración es muy querido por Lucas. Atraviesa su obra de punta
a punta. Este hincapié lucano en la oración tiene dos asideras. La primera es
el Jesús histórico, seguramente hombre de profunda oración. Pero no la oración
en el sentido puritano de la palabra,
sino la oración hecha vida, la oración cotidiana, de todos los días, la que se
hace haciendo. No hay una esquizofrenia ni un muro separando al Jesús que ora
sudando sangre (cf. Lc 22, 44) del Jesús que cura al paralítico (cf. Lc 5,
18-26). Todo está bajo el mismo arco de acción. La segunda asidera para Lucas
es la situación de su comunidad. Una de las grandes preguntas de la humanidad,
que se intensifica en tiempos de crisis, es por qué Dios no contesta algunas
oraciones. Más allá de la bonita esperanza en el Dios que todo lo responde y la
búsqueda de situaciones particulares que, de alguna manera, se relacionen con
algún pedido hecho a la divino, lo cierto es que, por momentos, parecemos creer
en un Dios ausente. En muchísimas situaciones de injusticia se refleja la
desesperación humana de llegar a suponer que estamos perdidos en el universo,
que Dios no escucha el clamor de su pueblo. En la comunidad lucana, apremiada
por una escatología que no termina de concretarse, este tema se potencia. Si se
suponía que Jesús volvería inmediatamente, la demora de su regreso no podía
despertar otra cosa que suspicacias.
Etiquetas:
discípulos de este siglo,
Domingo Ordinario,
editorial claretiana,
fe,
hijo del hombre,
justicia,
leonardo biolatto,
lucas,
oración,
parábolas,
pobres,
teología
miércoles, 24 de julio de 2013
Que Dios se haga todo en todos / Decimoséptimo Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C – Lc 11, 1-13 / 28.07.13
Trabajando por lo que podrían decirse dos años arribé a un libro, a lo que sería el final de un libro (que no suele ser más que otro principio). Es un libro que costará publicar, porque su tamaño y su temática posiblemente no se correspondan con lo que se vende. Pero está en mi computadora, aguardando. Trata sobre el Reino de Dios en los Evangelios, tiene como título orientativo La obsesión de Jesús, y aquí dejo un breve fragmento que corresponde al análisis de un versículo que la liturgia católica propone leer este domingo.
(Lc 11, 2) El les dijo
entonces: “Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu
Reino” [Mt 6, 10]
La oración ocupa un espacio primordial en el relato lucano, tanto en el
Evangelio como en Hechos de los Apóstoles. Jesús ora al Padre con confianza,
así como la Iglesia primitiva asume esa actitud de su Maestro para perpetuarla
en su seno, como oración comunitaria guiada por el Espíritu Santo.
Jesús se retira a lugares desiertos para orar cuando la muchedumbre lo
persigue porque se hace famoso (cf. Lc 5, 15-16), ora en una montaña la noche
antes de elegir a los Doce (cf. Lc 6, 12), ora a solas cuando pregunta a sus
discípulos quién dice la gente que es Él (cf. Lc 9, 18), tras lo cual
emprenderá la larga subida a Jerusalén (cf. Lc 9, 51). La transfiguración
sucede enmarcada en oración (cf. Lc 9, 28-29). Y Lc 11, 1-13 contiene la
enseñanza del Padrenuestro y la parábola del amigo insistente, en conexión con
la parábola paralela de la viuda insistente (cf. Lc 18, 1-8). Por su parte, la
comunidad apostólica oraba en un mismo espíritu (cf. Hch 1, 14), y el día de
Pentecostés descendió el Espíritu sobre los que se encontraban orando (cf. Hch
2, 4); al culminar ciertas oraciones el Espíritu se hacía presente (cf. Hch 4,
31; 8, 17), y fue el mismo Espíritu Santo el que separó a Bernabé y a Pablo
para la misión (cf. Hch 13, 2).
miércoles, 13 de marzo de 2013
Descubriendo al Padre de Jesús / Quinto Domingo de Cuaresma – Ciclo C – Jn 8, 1-11 / 17.03.2013
1 Jesús fue al monte de los Olivos. 2 Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles. 3 Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, 4 dijeron a Jesús: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. 5 Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?”. 6 Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. 7 Como insistían, se enderezó y les dijo: “El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra”. 8 E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. 9 Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos.Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, 10 e incorporándose, le preguntó: “Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?”. 11 Ella le respondió: “Nadie, Señor”. “Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante”.
Como último domingo de esta
Cuaresma, la propuesta es acercarse al texto que propone la liturgia para
orarlo. Este comentario va sólo como ayuda-memoria, como guía en el camino,
prescindible ante la elocuencia del relato en sí. Está dividido en tres partes:
una profundización, más exegética; una meditación, más hermenéutica; y una
contemplación, con algunas preguntas para cuestionar y cuestionarse.
Primera mirada: la
profundización
La situación de la mujer traída ante el Maestro está claramente codificada
en la Torá. Si
un varón y una mujer casada son encontrados teniendo relaciones, los dos se
merecen la pena de muerte (cf. Dt 22, 22; Lev 20, 10). Si se trata de una mujer
desposada, pero que aún no convive con el esposo (lo que nosotros podríamos
entender como una prometida, pero que en el judaísmo tenía carácter sagrado ya
de matrimonio), ambos infieles deben ser llevados a la puerta de la ciudad y
ser lapidados (cf. Dt 22, 23-24). Esas son las disposiciones. La mujer traída
ante Jesús, legalmente, tiene todas las de perder. Sin embargo, como bien lo
indica el texto, la respuesta no es tan fácil. Por eso este caso es puesto como
tentación para Jesús. Si la solución fuese demasiado evidente y no causara
compromiso, no se la habrían presentado. La treta reside en que tanto una
respuesta tajantemente positiva, como una tajantemente negativa, complican a
Jesús. Si afirma con seguridad que la adúltera debe ser lapidada, contradice su
práctica habitual de comer y convivir con publicanos y pecadores (cf. Lc 5, 30;
Lc 7, 34; Lc 15, 1); contradice su mensaje, el Reino que predica. Si aceptase
la condenación de la adúltera, ya no podría volver a sentarse con los
despreciados del sistema. Les daría la espalda. En la otra opción, negando
rotundamente la pena de muerte, se opondría al mismísimo Moisés y a la Ley sagrada, contraviniendo lo
que se consideraba Palabra de Dios. Si Jesús se presentaba como Mesías, como
agente mesiánico o, al menos, como la voz autorizada para anunciar la venida
definitiva cercana de Dios, no podía oponerse a la mayor figura de la historia
israelita, aquel que los había sacado de Egipto y les había dado las tablas de
la alianza.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

