Después de la partida de los magos, el Angel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”. José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto.Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta: Desde Egipto llamé a mi hijo. Cuando murió Herodes, el Angel del Señor se apareció en sueños a José, que estaba en Egipto, y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, y regresa a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño”. José se levantó, tomó al niño y a su madre, y entró en la tierra de Israel. Pero al saber que Arquelao reinaba en Judea, en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí y, advertido en sueños, se retiró a la región de Galilea, donde se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo que había sido anunciado por los profetas: Será llamado Nazareno.
Los primeros dos capítulos del Evangelio según Mateo están narrados según
una técnica rabínica llamada midrash.
En pocas palabras, el midrash es un
género literario en el que se actualiza una Palabra de Dios del pasado (en la
teología bíblica sabemos que la
Palabra de Dios siempre es presente, pero aquí se hace
referencia a la Palabra
que narra sucesos del pasado o que fue dirigida a profetas o hagiógrafos en el
pasado histórico). La cuestión que intenta resolver este género es cómo darle
marco actual a relatos antiguos, cómo hacer del texto viejo una visión nueva
que ilumine el presente de la comunidad. Los rabinos lo hacían todos los
sábados en la reunión sinagogal, intentando responder a la pregunta lógica de
cómo efectivizar en el presente judío los textos de Moisés. Como la práctica
rabínica se hizo habitual y muy valiosa, con el tiempo se concretó en textos
escritos que también se llaman Midrash.